Ramas

|Sonaba Pulshar ~ Nospheratu (Echospace Reduction) Escúchalo en SPOTIFY|



Enmarco una ventana cerrada
y osamentas verticales ondulando en el solsticio

¿Hola?

|Sonaba Astor Piazzolla ~ Adios Nonino. Escúchalo en SPOTIFY|


Hoy vi a alguien
pero ya no era nadie

Holo

|Sonaba Animal Collective ~ Taste. Escúchalo en SPOTIFY|
 

¿Soy realmente todo lo que está fuera de mi?

Cajero



Salgo. Una yonki me mira con desdén desde el interior de un cajero. Sentada en el suelo, se inyecta en el tobillo mientras sujeta su pierna con una mano. Bajo la luz fluorescente, su intimidad es tan frágil como sus venas.

Vuelvo. Una chica me mira con desdén mientras se aleja del cajero tras intentar abrir la puerta con su libreta de ahorros. Cruza la calle en dirección a sus amigos y abre los brazos dando a entender que no ha conseguido nada. Se quedan en las escaleras matando el rato.

Alba



Dorados vapores de haman vespertino
de los que surgen torpes cabalgando el ruido
búfalos metálicos a la caza del tiempo

Tacto

¿Duelen mis caricias? ¿Confunden las yemas de mis dedos?
¿Rasgan la piel mis besos? ¿Arañan los sentimientos?
Aunque así fuera ni quiero ni espero respuesta,
pues continuaré haciendo daño

Retorno

|Sonaba People Of The North ~ Deep Tissue (Jagjaguwar, 2010) Escúchalo en SPOTIFY|

Un lugar. Un tiempo. Una caja. Dentro, un tesoro perdido al que abrazará el mar. Fuera, pasillos e imágenes, bancadas largas como esas caras situadas a mi espalda, largas como el desfile que sucede a esta liturgia pobremente amplificada. Empañadas las sonrisas, se unen las manos, un nombre desgarra una garganta en el vacío seco de las bóvedas. Y viajo: hacia un inmisericorde ruido mecánico, hacia volutas de humo.

Regreso. Mismo lugar, distinto tiempo. Una caja. Dentro, una incógnita surgida del desierto. Fuera, bóvedas e imágenes frías como esta liturgia, ritual polvoriento oficiado sin pasión para hombros temblorosos. Desfilo, encuentro unas manos, unos ojos derrotados, derretidos, con los que me fundo en un  abrazo, y me abrazo a mí mismo en otro tiempo, en este espacio ya sin puños con que poder arrasar mis párpados. Y viajo. Continuo viajando... hacia el humo.

VoZVoS

|Sonaba Minamo ~ Durée (12k, 2010) Escúchalo en SPOTIFY|


Livianos hilos de sonido
construyen inconscientes densas tramas
y sólo ahora caigo en ellas.

De Sombra y Luz

|Sonaba Milinal ~ Honey Meridian (Audiobulb, 2010) Escúchalo en SPOTIFY|


Estando próxima el alba, el gurú preguntó a sus discípulos:

- ¿Sabríais decirme cuándo acaba la noche y comienza el día?
- Cuando ves un animal a distancia y puedes distinguir si es una vaca o un caballo -, contestó uno de ellos.
- No -, dijo el maestro.
- Cuando miras un árbol a distancia y puedes distinguir si es un mango o un naranjo -, dijo otro.
- Tampoco -, respondió el gurú, sonriendo paciente.
- Entonces, ¿cuándo? -, dijeron los discípulos.
- Cuando miras a un hombre al rostro y reconoces en él a tu hermano; cuando miras a la cara de una mujer y reconoces en ella a tu hermana. Si no eres capaz de esto, entonces, sea cual sea la hora, aún es de noche.

Vibración

|Sonaba Guadalupe Plata ~ Guadalupe Plata (Guadalupe Plata, 2009)
Escúchalo en SPOTIFY|

Reflejos tras muros que aclaran distancias. Canela, olivos, perlas cálidas, veteadas en su centro por un vacío indefinido. Su misterio me conduce más cerca, más profundo, hacia dentro, sumergiéndome en ti a través de la quietud, hondo, lento; mirándote mirándome, apenas hablando, escuchándote. Hasta que el velo se disuelve en la vibración que precede al deshielo.

La muerte muerde el silencio


Imagina un nuevo día. Abres los ojos, despiertas desperezándote; quizás con el tiempo justo para salir pitando, tal vez con el suficiente para dedicarlo a las tareas cotidianas, la familia, los compañeros. Desayunar, hojear el periódico, un poco de conversación o puede que escuchar en silencio las noticias. ¿Qué ha ocurrido en el mundo mientras dormías? ¿Qué pasará mientras estés despierto? Los planes para la jornada se arremolinan en tu cabeza mientras sales de casa y comienzas a caminar hacia tu destino: hacer esto, recoger aquello, no olvides acudir a tal cita, recuerda ese pequeño detalle... Todo responde al esquema de lo habitual hasta que tu cuerpo parece volverse sordo, incapaz de comprender el lenguaje en el que os habéis comunicado de forma inconsciente durante años. Tan sordo como el impacto que te alcanza en el pecho devorando tu aliento, amortiguando el sonido, ralentizando el transcurso del tiempo. Y tus miembros, tan pesados, ceden mientras caes hacia un suelo extrañamente lejano en el que se dibujan formas oscuras, líquidas. Y el aire se vuelve denso como la tierra, y la luz adopta un mortecino tinte grisáceo, y un profundo terror te desborda mientras una mano neutra recoge tu cuerpo del suelo con movimiento mecánico, atravesando tus ojos con un alambre, engarzándote como a una perla trágica en un cinturón dentado donde cuelgas, moribundo, mientras formulas una pregunta como último pensamiento: ¿por qué?

Porque la muerte muerde el silencio con dientes de trueno
en un cielo sin nubes
de madrugada

Helicón

| Sonaba Teengirl Fantasy ~ 7AM (Morek, 2010) Puedes escucharlo SPOTIFY |

Gira. Giras. En torno a un eje inalcanzable, equidistante sobre planos paralelos, interior y exterior disociados en un gesto, burbuja que amortigua y hace ajeno el universo, aterrizaje de emergencia sobre hélices de pelo. Y el giro, tan familiar como severo, crea una distancia que te separa del resto, salvo del ancla helicoidal que asir con desasosiego, ingrávido desvelo comprimiéndote sin freno, alejándote del suelo, desbordando el firmamento, hacia arriba y hacia dentro... como Helicón, extasiado en el canto de Las Musas, rescatado por un pony alado.

Guadiana

Va y viene, y se entretiene por el camino. Tanto que, a veces, desaparece; tanto que, a veces, no sabe dónde se encuentra. Pero se busca. En el aire, siempre en el aire, como un pájaro. A ocho millas del  suelo.
Una vez creí que sus plumas doradas serían mi abrigo y mi sombra. Que una sonrisa volvería tangible lo etéreo. Pero se fue con un aleteo, dejando tras de sí un húmedo estallido de luz. Tan brillante que, a veces, parece volver y seguir a mi lado. Aun cuando sus alas están ya muy lejos de mis sábanas.
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Cerebro de corcho

Su interior era un vacío de insondable fugacidad en el que sólo permanecía la impresión del momento. Como un terreno huérfano de raíces y vegetación, incapaz de sostenerle o sostener a los demás. Sin registros duraderos, excepto un ciclo de pensamiento recurrente, a veces obsesivo, autor de soliloquios, sainetes y dramones que apelaban a los más bajos denominadores comunes. Juegos mentales, barreras construidas en torno a un raquítico corpus emocional que con el tiempo se habían convertido en infame prisión, haciendo del infierno un lugar localizado en su pecho. Tras años de abandono, se encontraba planteándose necesidades a la que apenas podía o sabía dar forma.  Y así, tras su asertiva sonrisa se extendía una compleja maraña emocional que le hacían sentirse habitante de un yermo de confusión y perplejidad. Vacíos habitados por un monstruo de aliento hirviente y agudos dientes, siempre hambriento, siempre dispuesto a hacer presa cuando las luces se apagaban y los espectadores descasaban lejos, seguros. Dentro, solo, perseguido, Cerebro de Corcho grita, lanza aullidos de socorro. Quizás por eso buscar una cura para el dolor; quizás por eso su egoísta preocupación por los que le rodeaban. Inconscientemente, nunca dio nada sin esperar algo a cambio, y cada acto era una súplica, un "ayúdame" entonado en un lenguaje creado por él mismo, incomprensible para el resto. Destinado a satisfacer las demandas autocompasivas de su ego. Recibiendo señales, demasiado proyectado para interpretarlas sin filtros. Pero intuía que la aceptación de su naturaleza incompleta y contrahecha, de esa confusión, ese desequilibrio, podrían hacerle comprender que todo residía dentro. El dolor. La sombra. La luz. Dándole acceso a una comprensión más plena del proceso a que se reducía su existencia. Y así, tal vez, ser feliz. Tal vez...

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Me Enamoré de una Nube

Fue un día de Julio, bajo un cielo sin costuras, desbordante. Solmartillo. Tierrayunque. Airefuego. Y de repente, ella. Entrando  hasta el fondo de mi pecho. Infinita en su nívea blancura, diminuta sobre la matriz celeste. Etérea. Ligera. Irresistible en su  flujo de formas y vórtices, su promesa de lluvia y sombra, su sedoso atuendo, sus contornos imprecisos.

Fue amor a primera vista, algo más bien platónico: contemplándola embelesado, un zumbido mecánico desvió mi atención hacia las corrientes de calor que distorsionaban el horizonte. Alcé de nuevo la mirada entornando los ojos, deslumbrado por el caleidoscópico fulgor del sol, pero ya no quedaba rastro alguno de blanco. Sólo azul. Un brillante, estático telón azul.

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Deriva (II)

- ....
- ¿Dime?
- ....
- ¿¡Cómo!? ¡Apaga el motor, no puedo oirte!
- Falta uno.
- Ahora... ¿cuántos decibelios producirá este diesel? Quizás estemos por encima de los niveles...
- Digo que nos falta uno.
- ¿Un qué?
- Un pasajero.
- ¿Qué me estás contando, hombre? ¡Es imposible!. Los contamos cuatro veces desde que se montan en el barco. Cuatro.
- Pues falta uno. Salimos con dieciocho y han vuelto diecisiete.
- ... ¿Estás seguro?
- Eso, o he desaprendido contar.
- ¡Joder!... ¿sabemos quién es?
- El que preguntó por los sistemas de navegación. Buen tipo, muy curioso... venía sólo.
- ....
- ¿Qué hacemos?
- ... déjame pensar.
- Han pasado unas dos horas. Los neoprenos son ligeros, pero con esta temperatura en el agua podría darnos tiempo a llegar antes de que entre en hipotermia...
- ... eso si sigue allí.
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Un buceador braceando solo en esa zona? Sé realista: no tardará en llamar la atención.
- ...
- Aquello debe ser un hervidero de tiburones a estas horas.
- Hijo de mil...
- Sólo verbalizo el pensamiento que ronda tu cabeza desde que comprendiste qué suponía para nosotros que hubiera diecisiete: dejémosle allí.
- Yo no soy así.
- ¿Y por qué sigues perdiendo el tiempo? No me necesitas para llevar el barco, conoces la ubicación y puedes calcular la deriva. Ya podríamos estar en camino. Sin embargo, sigues ahí, escuchándome.
- ...
- Ni siquiera tenías por qué habérmelo dicho: venía solo, no hay registro, no hay pruebas.
- ...
- Reconócelo...
- ....
- Probablemente ya es tarde, y aunque estuviera vivo sólo tendríamos problemas. Este no es uno de esos sustos que se arreglan con un té caliente y una plamada en el hombro. Es una neglicencia grave. Podríamos perder el barco, la licencia... podríamos ir a la carcel. ¿Puedes permitírtelo?
- Sabes que no...
- No hay nada malo en mirar por los tuyos...
- Yo....
- ¿Seguimos siendo socios?
- ...
- Socios pues.

Y su alma dejó de pertenecerle.

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